La tarea define el punto de partida.
Si quieres presentar tu empresa, explicar servicios, aparecer en buscadores o vender productos, un sitio web suele ser un buen comienzo. Puede incluir formularios, catálogo, contenido y otras funciones sin pedir a nadie que instale una aplicación.
Una aplicación propia tiene más sentido cuando una tarea recurrente necesita funciones específicas, como uso frecuente en el móvil, notificaciones o una experiencia personalizada. Aun así, muchas ideas pueden probarse primero como aplicación web.
¿Quién lo utilizará, para qué y con qué frecuencia?
Una primera versión útil
Después de conocer la rutina, definimos una primera versión que permita comprobar si la solución ayuda. Entender cómo se usará aclara la elección del formato.
No es necesario llegar a la primera conversación con la tecnología elegida. Un buen proyecto comienza por comprender el problema y comparar posibles caminos.